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El blog de Jeannette Ordas (“A todo el mundo le gustan los Sándwiches”) me llamó la atención hará un par de años, porque siempre he pensado que los bocadillos (o sándwiches o emparedados) son un colectivo ‘ultra-discriminado’ dentro de la gastronomía. Pero bueno, luego resultó que Ordas hablaba de cosas que no iban entre rebanadas. Hoy por ejemplo nos da la receta para hacer un delicioso helado de arándanos con uvas y romero.

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Un postre genial para el fin del verano.  Winnie Abramson nos enseña una genial receta para los últimos días de verano: Moras en un custard  de vainilla.

Salsa Worcestershire

La leyenda dice que un tal Lord Marcus Sandys, mientras era gobernador de Bengala en la década de los 30s del siglo XIX, probó la salsa en la India. Años después ya asentado en Worcester pidió a dos boticarios de la ciudad, John Wheeley Lea y William Henry Perrins, que trataran de reproducir el sabor y la textura tal y como lo recordaba. Así nacieron la Salsa Worcestershire tal y como la conocemos y Lea & Perrins, la empresa que sigue comercializándola desde 1837.

El problema es que esta leyenda, alimentada por la propia empresa con el texto que aparecía impreso en la botella (“from the recipe of a nobleman in the county”), es más o menos falsa: ningún Marcus Sandys fue nunca gobernador de Bengala, ni de ningún otro sitio en el Imperio. Si fue el tal Marcus Sandys o el diputado Arthur M. W. Sandys como apuntan algunos worcesterólogos (hay frikis de todo, señores) o se la inventaran un día de borrachera los propios Lea y Perrins lo cierto es que su salsa se hizo pronto un hueco en los corazones y las cacerolas de los habitantes del Reino Unido.

De hecho hay muchos platos que se preparan con esta salsa: como el tradicional Welsh rarebit (una especie de tostada con una pasta a base de queso y salsa), la ensalada césar o, a veces, el chili con carne. También se usa en clásicos cócteles británico como el ‘Bloody Mary’ y no tan británicos como la Michelada.

Los ingredientes de la Salsa original son vinagre de malta (de cebada), spirit vinegar (un vinagre muy fuerte hecho normalmente con caña de azúcar), melaza, azucar, sal, anchoas, extracto de tamarindo, cebolla, ajo y especias. También es posible que incluya salsa de soja, limón, pepino o pimiento.

Distintos nombres. Aunque en muchas zonas hispanohablantes, se la conoce como ‘salsa inglesa’  es muy común encontrarla con el nombre de ‘salsa Worcester’ a secas, entre otras cosas porque parece ser que ‘worcestershire’ era algo así como una marca registrada.

‘Fish and Chips’

El plato de hoy, y primer plato del blog, va a ser algo muy típico y conocido: el celebérrimo “fish and chips”.

La primera tienda de ‘fish and chips’ se abrió en Londres en 1860 aunque tenemos constancia de que existía al menos desde 1837  (Dickens habla de él en ‘Oliver Twist’) y desde entonces se ha convertido en un plato muy popular en lo que queda del Imperio (la Commonwealth), Estados Unidos, Irlanda y algunas zonas anglófilas del continente. Tan popular que como con otras cosas (el lugar de nacimiento de Cervantes o Colón o el futbolín) son muchas las zonas, ciudades y pueblos que se reivindican como la cuna del ‘fish and chips’.

La versión más creíble que conozco es que, teniendo en cuenta que el pescado frito era casi un plato tradicional judío, la receta naciera en la gran comunidad judía del East London. Sea como fuera, todo apunta, cosa que confieso que me encanta, a que se trata del primer fastfood ‘moderno’: el plato favorito de la clase obrera londinense pues combinaba las nada fáciles características de buen sabor, alta movilidad (envuelto en una hoja de periódico, podían llevarlo a casa o comerlo en la calle) y, por supuesto, un precio muy asequible.

Bueno, pero ¿cómo se prepara?

Ingredientes

  • Harina
  • Cerveza (a mi me gusta usar cerveza Guinness o cualquier otra cerveza negra: más que nada porque me parece que el toque tostado queda muy bien, pero vale cualquier cerveza – de hecho se suele usar cualquier otra cerveza)
  • Un par de huevos
  • Bacalao (El fish’n’chips que estamos acostumbrados a ver es ‘bacalao’ básicamente porque en el sur el bacalao triunfa; en cambio en el norte, se suele preparar con ‘haddock’ – sí, como el Capitán – que en España se le conoce como eglefino, liba o merlán).
  • Patatas cortadas tipo ‘Patatas fritas’ (ya el grosor, es cosa vuestra)
  • Un chorreón de aceite de manzana.

Hacemos una mezcla con la harina (no toda, pues necesitaremos un poco para enharinar los filetes y que la pasta del rebozado se pegue bien), la cerveza y los huevos. La dejamos reposar entre 20 minutos y media hora en el frigorífico. Cogemos los filetes (lo ideal es que no sean muy gruesos), los enharinamos y los sumergimos en la pasta para rebozar. Después se fríen en aceite muy, muy, muy caliente. Se sirve con un poco de vinagre (sí, sí, como si fuera mayonesa o ketchup – aunque no hay que pasarse) y patatas fritas. Simple, sencillo y barato.

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